Fue un abogado, politólogo alemán y teórico de las relaciones internacionales, parte de la corriente del realismo junto Edward Hallett Carr. Ambos fueron los autores más relevantes de la escuela Realista.
Estudió en las universidades de Berlín, Múnich y Frácfort, en la última fue en la que aprendió Derecho hasta que viajó hasta la Ginebra, Suiza para impartir conocimiento en la Facultad de Derecho. Fue una buena combinación, las preocupaciones políticas de ese entonces por el advenimiento del nacionalsocialismo y su postura religiosa judía.
Principios del realismo político según Morgenthau.-
Racionalidad de los actores y universalidad de las leyes: se parte de supuesto que “la política, al igual que toda la sociedad, obedece a leyes objetivas que arraigan en la naturaleza humana” (ibíd., 1986:12) así como en la “factibilidad de elaborar una teoría racional que explique […] estas leyes objetivas”. El autor afirma que la política logra separar la verdad de la opinión.
Interés en términos de poder: “el elementó principal que permite al realismo político encontrar su rumbo en el panorama de la política internacional es el concepto de interés definido en términos de poder” (ibíd., 1986:13). Éste articula la relación entre la razón y los hechos que define la política como una esfera autónoma de acción y comprensión, como portadora de una lógica propia que distingue entre la política y el político (estadista), específicamente entre “su deber oficial, que consiste en pensar y actuar en función del interés nacional, y su deseo personal, que tiende a la organización en todo el mundo de los propios valores morales y principios políticos” (ibíd., 1986:15).
Importancia del contexto y sus cambios en el tiempo y espacio: “el realismo supone que su concepto clave de interés definido como poder es una categoría objetiva de validez universal, pero no otorga al concepto un significado inmutable” (ibíd., 1986:19), en el sentido en que “el equilibrio de poder, por ejemplo, es indudablemente un elemento constante en todas las sociedades pluralistas” (ibíd., 1986:20).
Tensión entre los valores morales y la acción política: “El realismo político […] tiene conciencia de la inevitable tensión entre los preceptos morales y los requerimientos de una exitosa acción política. Tampoco pretende eludir rápidamente ese conflicto" (ibíd., 1986:21). De ahí que el autor considere la prudencia como el valor de “suprema virtud política” (ibíd., 1986:21) en tanto a que logra concertar esta tensión.
El enfoque de análisis no debe centrarse en las ideas: “El realismo político se niega a identificar las aspiraciones morales de una nación en particular con los preceptos morales que gobiernan el universo” (ibíd., 1986:22). Aquí el autor resalta la noción de lógica propia una cosa es la afirmación “naciones están sujetas a la ley moral y otra muy distinta pretender saber qué es el bien y el mal en las relaciones entre las naciones” (ibíd., 1986:22).
Autonomía de los estudios de la política internacional: el realismo político mantiene, por un lado “la autonomía de su esfera política […] piensa en términos de interés, definido como poder” (ibíd., 1986:22), por el otro lado, “no ignora la existencia y relevancia de otros parámetros de pensamiento distintos a los políticos. Pero como realista político no pude subordinar esos parámetros a los políticos” (ibíd., 1986:23).